Tras la tutoría personalizada con la madre de un@ alumn@, me ha quedado media hora libre para organizar papeles.
Coincido en la sala de profesores con la/el compañer@ de tecnología. Una persona que aparenta tranquilidad y que suele estar paseando por el reducido espacio de la sala cuando se encuentra en ella. Le hago saber de mi deseo de mostrar también esa flema que aparenta y me dice que se ha visto obligado a ello. No hay que azuzarle mucho para que se siente y me cuente:
-" El curso pasado estaba en tal estado de tensión que conseguí mi peso ideal (sonreímos; ahora me contará el porqué, pienso) No fumo mucho, pero me levantaba casi todas las mañanas con náuseas. Vomitaba lo poco que tenía en el estómago, como si fuera un/a fumador@ compulsiv@. A la hora de comer tampoco tenía ganas... y ¡mira por dónde, todos esos síntomas se me pasaban los fines de semana y las vacaciones!. Así que este curso he asumido mis límites y he decidido tomar todo más relajadamente. A la Jefatura de estudios le sirven las voces, pero a mí no me dan resultado.
(...) Cambiando de tema, estoy pidiendo a los tutores una lista con los alumnos que tienen los ultra-portátiles averiados. Con esto me refiero, a que, ya verás como en este centro "averiados" no es un problema en el software, sino que están, literalmente destrozados y la única solución que me plantean desde arriba (señala con el dedo) es regalarles otro. ¿Qué te parece esa forma de tirar el dinero?"
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